¡Te preocupas mucho por todo!

UN ENFOQUE DE VIDA CREATIVO Y TRASCENDENTE

Nuestros hijos dijeron, mamá, papá,  ¿nos podemos meter a la alberca? Yo estaba muy cansado porque había pasado muy mala noche y había tenido días muy, pero muy pesados, pero les dijimos que sí; yo pensaba: mientras mi esposa le da de comer al bebé, yo los llevo a la alberca y me siento en una silla al lado para relajarme mientras ellos nadan, pero reflexioné, ¿por qué no aprovechar a mis hijos y estar con ellos involucrándome en la acción? ¿Por qué no salir de mi zona de confort, de lo fácil, de lo cómodo? Y no digo con esto que no hay que descansar, claro que hay que hacerlo y Dios nos lo pide, pero descansar también es cambiar de actividad; además, pensé: tal vez también  me vendría bien un chapuzón. Con un buen esfuerzo adicional me cambie, me puse el traje de baño, tomé mi toalla y me dispuse a ir -cansado, pero contento- a meterme a la alberca con los niños.

Nos metimos todos agarrados de las manos de un clavado y empezó la diversión. En ese momento me sentí muy contento por haber vencido mi cansancio, dar mi extra y haber elegido disfrutar ese momento involucrado con mis hijos y además que aún son pequeños, sabiendo que esos momentos que pasamos juntos, si los dejo pasar, nunca regresarán y que además ellos nunca olvidarán. 

Unos minutos después, nos llevamos la agradable sorpresa de ver llegar a la alberca a mi esposa con el bebé; lo pone en su sillita al lado de la alberca y cuando se disponía a sentarse los niños le preguntan: ¿mamá, te vas a meter?  A lo que ella responde con resignación: no, aquí me voy a que quedar (para cuidar al bebé). Le dije, ven métete, el bebé está bien, lo vamos a cuidar desde aquí,  está seguro, no le pasa nada, a lo que respondió aún más resignada pero viéndose las ganas por meterse: no puedo me voy a quedar aquí.

Enseguida mi hijo le dice alegre y dulcemente con una sonrisa: Mamá te preocupas mucho por todo; como diciendo, relájate un poco y disfruta que la vida es maravillosa, se volteó y siguió disfrutando. Qué palabras tan sabias de un niño de 8 años que su vida es jugar y disfrutar la vida alrededor de sus obligaciones. Mi esposa y yo nos miramos con ojos de asombro y reflexión.
De inmediato, me encargó al bebé y corrió a cambiarse cual niña pequeña. Regresó y de un clavado se unió a la familia para pasar un rato alegre y divertido todos juntos, ¡qué maravilloso momento pasamos y que ha quedado guardado en nuestra mente y nuestro corazón!

¿Cuántas veces vivimos tan agobiados, cansados, estresados y metidos en las obligaciones? -que claro, hay que cumplirlas siendo diligentes, hay que hacer lo que es necesario- pero a la par difrutando y sobre todo viviendo al máximo cada día, ofreciendo cada momento a Dios con alegría y amor; dar todo cada día de lo somos, en servicio de los demás, disfrutando y aprovechando cada momento, aún los difíciles, porque no sabemos cuánto tiempo nos quede en esta vida, ni cuándo nos llamen de este mundo y tengamos que entregar cuentas,  ¿te has puesto pensar que ese día puede ser hoy? Podrían quedarte pocas horas ¿y en qué las estás aprovechando? Y si te vas, ¿qué dejarías para los que se quedan en este mundo? Piénsalo sinceramente. ¿Cuál es el legado que estás construyendo hoy para los más cercanos a ti, tu esposa o esposo, tus hijos, tu familia, tu entorno y para la humanidad? Es necesario hacer cosas extraordinarias en lo ordinario, en lo más sencillo del día a día dar el extra, es tan solo decidir, decir sí y cambiar, mejorar o perfeccionar cada decisión.

Y lo más importante, ¿Qué entregarás como fruto de tu vida cuando estés en presencia de Dios? La meta es llegar con las manos llenas, de buenas acciones, de entrega en el servicio y en el amor, primero a Dios y después a los demás, todo ese amor que pudimos dar y atesorar para poder entregarlo en las manos del Creador y poder decir: misión cumplida, Señor. 

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